Lo que pasa ante el Santísimo

Capilla de la Adoración Perpetua de Santiago

«Los monjes de Cluny, en el año 1.000, cuando iban a comulgar se descalzaban, sabiendo que allí estaba la zarza ardiente, y que el misterio ante el cual Moisés se arrodilló estaba allí presente. La adoración hace religiosa nuestra vida. Es necesario redescubrir el gozo de nuestra pequeñez ante Dios», afirmó el arzobispo de Santiago de Compostela, Julián Barrio, al inaugurar a finales de enero la primera capilla de adoración perpetua en la ciudad.

«Cuando adoramos, permitimos que Jesús nos sane y nos cambie. Adorar es hacer un éxodo de la esclavitud más grande, la de uno mismo, porque adorar es poner al Señor en el centro», indicó monseñor Barrio, quien valoró también la responsabilidad de la ciudad de acoger a tantos peregrinos «que muchas veces demandan lugares tranquilos para orar en silencio». «Esta capilla puede ser un gran servicio para ello, y para la diócesis será una fuente de fecundidad apostólica», aseguró.

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo, Alfa y Omega

El «milagro» de la adoración perpetua en Santiago: nace a iniciativa de los laicos

“La adoración es un gesto de amor que cambia la vida”

Queridos hermanos y hermanas, hoy cada uno de nosotros puede preguntarse: “¿Soy un adorador cristiano? Muchos cristianos que oran no saben adorar. Hagámonos esta pregunta. ¿Encontramos momentos para la adoración en nuestros días y creamos espacios para la adoración en nuestras comunidades? Depende de nosotros, como Iglesia, poner en práctica las palabras que rezamos hoy en el Salmo: «Señor, que todos los pueblos te adoren». Al adorar, nosotros también descubriremos, como los Magos, el significado de nuestro camino. Y, como los Magos, experimentaremos una «inmensa alegría» (Mt 2,10).  Papa Francisco en la Misa de Epifanía

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Quince minutos en compañía de Jesús Sacramentado

Ponte en la presencia de Dios ¿Qué es eso? Pues tener en cuenta que estás con Jesús y hablar con Él con la familiaridad con la que se habla con los amigos. Haz la señal de la cruz y empieza tu oración, tu diálogo con Él, con esta oración preparatoria: “Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes, te adoro con profunda reverencia y gracia para hacer con fruto este rato de oración, Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí” Después puedes ponerte a la escucha, y el Señor, que está frente a ti, abrirá el fuego:

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Oremos

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores.

Esta es la oración enseñada por el Ángel a los videntes de Fátima mientras sostenía un cáliz sobre el cual flotaba una hostia consagrada de la cual caían gotas de sangre: