“Muchos en su lecho de muerte entregan a sus amigos, como legado y en señal de afecto, una prenda de vestir o un anillo. Mas tú, Jesús, al momento de abandonar este mundo, ¿cuál fue el detalle de amor que nos dejaste? No una prenda de vestir o un anillo, sino tu cuerpo, tu sangre, tu alma, tu divinidad, tu ser entero.
”San Alfonso María de Ligorio (Práctica del amor a Jesucristo, cap. 2, par. 1).